Historia del Centro

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INAUGURACIÓN DE LA CLASE DE EXTERNAS

Las obras avanzaban a buen ritmo y se fijó el día 21 de Noviembre de 1886, día de la Presentación de María en el templo, a cuyo misterio están consagrados todos los Colegios de la Compañía, para inaugurar la clase de externas gratuitas. La Superiora de Burdeos participó con satisfacción a toda la Orden la fundación de la Casa de Almería:  

“La Séptima establecida por la querida Casa de Tudela, planta fecunda de nuestra Santa Orden en la católica España”.

El Obispo fundador se encontraba en Madrid, ya muy delicado de salud, por lo que no pudo asistir a tan importante acontecimiento con la tristeza que este hecho causó a las religiosas. Este Primer Día de celebración de la Niña María en la historia del Colegio de Almería comenzó con una Comunión general 

en la cual recibieron el pan de los Angeles las niñas internas y medio pensionistas que ya teníamos; más tarde se ordenó la procesión: cuatro de ellas llevaban una bonita estatua de María a la edad de tres años, y otra una preciosa banderita bordada en oro. Así que llegaron a la Capilla y comenzó esta misa cantada por las mismas niñas que al efecto la habían aprendido en el poco tiempo que llevaban en el Colegio. Al ofertorio pasaron a ofrecer las velas como se acostumbra en nuestras casas”. (Apuntes para la historia…).

A las tres de la tarde se hizo la apertura de la clase; al entrar todas las niñas besaron el Escudo de María para que las defendiera de todo mal. Posteriormente se pasó lista a las 150 alumnas matriculadas:

A continuación rezamos el Santo Rosario y se hizo la carta de esclavitud a María Santísima.  Asistieron a este acto varias personas distinguidas; entre ellas las principales dignidades delcabildo Catedral y el Sr. Arcipreste, Modesto Badal, que pronunció un elocuente discurso haciendo ver a las niñas el beneficio inmenso que es para ellas la apertura de una clase gratuita en donde podrían aprender ante todo la piedad cristiana que debe ser el distintivo de la mujer, y animándolas a imitar a la Virgen Santísima en el misterio de su Presentación entregándose a Dios prontamente, enteramente y para siempre”. (Apuntes para la historia..).

MUERTE DEL OBISPO ORBERÁ

A las pocas horas, se recibió en el Convento un telegrama comunicándoles la extrema gravedad de José María Orberá y Carrión. El 23 de Noviembre de 1886 murió este insigne Obispo en Madrid con la misma modestia que caracterizó toda su vida:

“El que gastó 60.000 duros en el edificio tuvo que ser enterrado de limosna” (Casa de Almería).

Las Siervas de María le asistieron en sus últimos momentos.

“La misma noche llegó ya muy tarde el parte de Madrid a Almería y seguidamente a las altas horas de la noche principiaron a tocar a muerto todas las campanas de la población y aunque su sonido nos despertó no nos apercibimos de su triste anuncio, puesto que en el poco tiempo que llevábamos en Almería no nos habíamos enterado de la manera que anunciaban los acontecimientos tristes y creímos que sería alguna fiesta nacional o cosa parecida”( Apuntes para la historia...).

Al día siguiente, 24 de Noviembre, a las seis de la mañana cuando estaban preparándose para recibir la Comunión, el Secretario del Obispo les dio la terrible noticia. Esto causó un gran llanto en toda la Comunidad debido a dos razones fundamentales: el gran afecto personal y el agradecimiento a su constante ayuda y protección:

“¡ qué de veces se privaba él de comer manjares, que le eran muy necesarios para reparar sus fuerzas tan débiles por su quebrantada salud y nos las enviaba para que las comiese alguna de nosotras que no se encontraba bien, a causa de la aclimatación que a todas nos costó harto trabajo, tanto al clima tan caluroso como a los alimentos menos fuertes y sustanciales que los de nuestro país!” (Apuntes para la historia…).

Las religiosas sintieron una sensación de orfandad, máxime cuando se encontraban tan lejos de Tudela, sin amigos y con el Convento-Colegio todavía en construcción y sin recursos para terminarlo, con muy pocas niñas pensionistas porque sus padres, aunque lo deseaban mucho, no se decidían a matricularlas por miedo a la inseguridad de un edificio lleno de andamios. A esto se unía el hecho de que seguían privadas de la Clausura y, por tanto, sintieron deseos de abandonar la obra por lo que se encomendaron a Dios.

El cadáver llegó a Almería el 3 de Diciembre a las cinco de la tarde entre sonidos de campanas. Salieron a recibirle fuera de la ciudad todas las autoridades eclesiásticas, civiles y militares; así como una multitud de almerienses. El día 5  se celebraron los funerales en la Catedral y, a continuación, fue trasladado a la Capilla de la Compañía de María:

El Capellán, D. Emilio Jiménez, estaba de roquete en la puerta y ésta cerrada hasta que se acercasen las primeras personas que acompañaban el entierro. Nosotras estábamos con capas y velos y una vela en la mano: las niñas de uniforme y algunas de ellas depositaron coronas sobre el féretro. Lo colocaron sobre una mesa en medio de la Capilla, a continuación le cantaron el oficio de sepultura y en seguida lo metieron en ella, pero sin ponerle la lápida. Traía dos cajas de zinc, la primera muy bien cerrada y con un cristal sobre la cara de manera que se le veía muy bien. La segunda era preciosa y con llave, la cual nos la entregó el Sr. Deán en el momento de colocarlo en el sepulcro como en testimonio de que teníamos la posesión de aquel rico tesoro; pero no se le puso la tapa hasta pasados tres días. En todos ellos estuvimos velando día y noche junto al sepulcro y parecía que contemplando aquel rostro pálido y frío se asomaba para decirnos: “valor y adelante, que Dios proveerá”. ( Apuntes para la historia…).

Durante el velatorio, como no estaban sujetas a Clausura, sabemos que la Capilla permaneció abierta y acudió un gran gentío junto a las Siervas de María y las Hermanitas de los Pobres. El día 8 de Diciembre fue colocada la lápida en el mismo día y hora que cuatro años antes se colocó la primera piedra del Conjunto Monumental Compañía de María de Almería.

En  una cláusula de su Testamento, el mismo Obispo Orberá daba instrucciones sobre el lugar donde quería ser enterrado: Delante de las rejas del Coro de las religiosas, de modo que el sacerdote lo pise cuando les dé la Comunión: Una lápida de mármol con una inscripción: “SERVO DEI, EPISCOPO ORBERÁ 1876-1886. SIBI NIHIL, OMNIBUS OMNIS ERAT”

La prensa  local, sobre todo el Diario de Almería, recogió con amplitud todas las noticias relacionadas con la muerte y funerales en honor a este gran Obispo. Así, en el Diario de Almería de 24 de Noviembre de 1886 se dice entre otras cosas:

Luto hay en nuestra alma. Pero no estamos solos en el duelo. Almería entera nos acompaña, Almería entera llora la muerte de su Obispo, Almería entera llora hoy amargamente sorprendida por la noticia de ese grandísimo infortunio…”

También en Valencia, su ciudad natal, causó impresión la muerte de tan ilustre prelado. De esta forma, el Periódico “El León Ibérico” le dedicó un extenso artículo: Además de los elogios a Orberá, glosa su vida y muestra sus condolencias a la familia y, en especial, a la hermana del Obispo, María Orberá, profesora de la Escuela Práctica de niñas de la Normal de maestras.

En su Testamento, el Obispo hacía herederas a las religiosas de la Compañía no sólo de su cadáver sino también del Convento-Colegio en cuya construcción había gastado ochenta mil duros. Las monjas tuvieron que hacer frente también a las deudas que había contraído para llevar a cabo la construcción:

Si al morir yo encuentran algunas deudas que todavía no he podido cubrir, espero que las Madres agradecidas a lo que les he ayudado en la construcción de su Convento-Colegio las pagarán gustosas” (Testamento de José María Orberá y Carrión, Obispo de Almería).

Ante esta desesperante situación, José María Navarro, Arcediano de la Catedral y Secretario del Obispo, les propuso aceptar un préstamo proveniente de amigos valencianos del fallecido Obispo. Así, estos señores concedieron tres mil duros sin intereses ni tiempo determinado para su devolución. Con este dinero se pagan las deudas testamentarias y, a continuación, despidieron a todos los trabajadores porque no podía pagar los gastos de la obra que se interrumpió durante algunos meses. Por otra parte, desde que las religiosas llegaron a Almería se dedicaron a adelantar las obras pertenecientes al Colegio y, por este motivo, el Convento permanecía inacabado. Así, tenían que vivir en la habitación que las niñas les dejaban lo que les obligaba a continuar privadas de la Clausura. Además, apenas si recibían algún donativo de la población porque:

es verdad que esta población no cuenta con grandes capitalistas y si alguno hay, propenden mejor por invertir sus rentas o productos en satisfacer los caprichos y exigencias que la moda les prescribe que en dedicarlos a obras pías o instituciones religiosas” (Apuntes para la historia…).

Ante esta precaria situación, las religiosas tuvieron que contraer nuevas deudas para poder concluir el Convento: dormitorios, cocina, refectorio, portería, torno y un locutorio con algunas piezas de carpintería. Las obras finalizaron el 15 de Agosto de 1887.