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INUNDACIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1891

Para terminar con estos primeros 10 años de historia de nuestro Colegio, destacaremos el difícil momento vivido el 11 de Septiembre de 1891 cuando se produjo una catástrofe debida al desbordamiento de las ramblas de Alfareros, Belén y Amatisteros. La rambla bajaba por la esquina misma del Convento de la Compañía de María, lo cual supuso la inundación de todo el edificio, quedando las zonas bajas completamente sumergidas. Los daños causados en Almería fueron importantes e incluso hubo víctimas que motivaron la visita, el 26 de Septiembre, del Ministro de la Gobernación, Francisco Silvela. Era la época de la Regencia de María Cristina, la cual encabezó una suscripción nacional de ayuda a Almería. Así fue como se iniciaron las obras de desviación y encauzamiento de unas ramblas que un siglo después se han convertido en hermosos paseos.

Este trágico suceso ocurrido en la ciudad fue rememoradoen La Voz de Almería del pasado 11 de Septiembre de 2005 por el historiador Antonio Sevillano, en los siguientes términos:

“Fue a partir de las 8 de la mañana del día 11 cuando, acompañada de truenos y un espectacular aparato eléctrico, las preñadas nubes descargaron con violencia, durante tres horas, ¡185,3 litros de agua! (la pluviometría total en la capital ronda los 250 litros anuales ). Muerte y desolación. La tragedia se instaló entre escombros y fango, enseres caseros y animales domésticos que las turbulentas aguas arrastraban hacia el mar. Calles y ramblas como La Chanca, La Reina, Alfareros, Gran Capitán o Antonio Vico confluyeron en la Puerta de Purchena para continuar por el Paseo del Príncipe y Obispo Orberá su esquela de luto y horror. Aunque fue la seca Rambla de Belén - la que con el nombre de Avenida de Federico García Lorca luce actualmente todo su esplendor - , recogiendo las de sus homónimas, Amatisteros, Iniesta y cabecera de la propia Belén, quién sembró un plus de terror añadido.

Sin embargo, tanto las autoridades como el pueblo llano estuvieron a la altura de las circunstancias y supieron paliar, con relativa rapidez, la magnitud de la tragedia.

La riada se cobró, según consta en el Registro Civil, diecinueve víctimas; amén de otras que más adelante fallecieron en el Hospital por politraumatismos, o el de algunos cadáveres devueltos por las aguas hasta las playas de la capital y Adra.

Pero ¿qué le ocurrió al Colegio? Pues que quedó gravemente dañado y el convento sumergido bajo una densa capa de limo. Al inundarse toda la planta baja, tanto las niñas como las religiosas estuvieron a punto de morir ahogadas. El agua entró en avalancha y se tuvieron que construir gruesos muros de contención que con el paso de tiempo serían aprovechados para la zona de preescolar.

La curvatura de la reja se conserva actualmente como testimonio de esta trágica inundación

 

El 26 de Septiembre la Madre Zoa Moreno, Priora del Convento, en una carta personal dirigida a la Priora de la Enseñanza en Tudela, relata cómo se vivió el histórico suceso. Por su indudable interés histórico, nos ha parecido oportuno transcribir gran parte de su contenido:

“El día 11 de inolvidable recuerdo, después de una terrible tronada y lluvia, como nunca habíamos visto y estando unas ocupadas en mudar a las pobrecitas externas que habían llegado todas mojadas, y otras recogiendo agua de las habitaciones, se me ocurrió bajar a los sótanos a ver lo que pasaba y me salen las hermanas diciendo que en la cocina se entraba el agua, al ver esto y temiendo algo serio (aunque nunca lo que sucedió) fui de un lado a otro diciendo que se subieran al Colegio por si entraba agua, cuando al asomarme a una azotea oigo un ruido espantoso y veo la rambla rompiendo todas las tapias de la huerta y derribando el lavadero y otra casita que había en la huerta, viene a estrellarse con una fuerza espantosa en la fachada de la casa, rompe a la vez los once balcones de los sótanos y deshace en un instante cuantas habitaciones teníamos en ellos: cocina, comedores de niñas, refectorios de religiosas, despensas con todas sus provisiones, dos clases de las niñas internas carpintería, cuartos de baño, y haciéndolo todo pedazos, llena por completo los dos patios interiores… El agua revienta todos los techos y convierte en ruinas todo el piso principal, o sea la Capilla, porterías, torno, locutorios, clases de externas, de permanentes y media pensión, casa profesa, roperías, archivo y otras muchas dependencias : a todo esto mi mayor pena era que no habíamos tenido tiempo de reunirnos todas y recorriéndolo todo me encuentro que la madre subpriora con una hermana, al querer del piso principal, le faltan los suelos y, como pudieron, se asomaron a un balcón que gracias a Dios, y por la escasez de esta Comunidad, se hallaba como otros muchos sin cristales, se agarran como pueden y empiezan a pedir auxilio o que al menos me asomara yo a verlas por última vez. Dios que no abandona y da fuerza a medida de la necesidad, me dio tal serenidad que en vez de ir a darles ese consuelo, voy con unas cuentas en busca de una maroma que recordé haber en una azotea, y, llamando a dos hombres que providencialmente se hallaban en casa, vamos y, por otro balcón alto se bajó uno de ellos exponiendo la vida, pues el agua les llegaba al cuello y, atando primero a una y después a otra, y tirando nosotras como pudimos, logramos tenerlas en nuestros brazos:…Al mismo tiempo otras tres que atravesaban por el mismo piso para ir al Colegio a ver si las niñas estaban aseguradas, en medio del camino les falta también el piso o mejor se les levanta a pedazos y luchando con ellos, con las puertas y ventanas y con el agua logran por un milagro muy grande, llegar a una escalera y poder subir al Colegio con el agua hasta la garganta y tragando muchísima…

Por fin logramos encontrarnos todas en lo más alto de la Casa, no cesábamos de dar muchas gracias al Señor preparándonos muy tranquilas para morir de un momento a otro, todas a la vez, pues creíamos no pudieran los muros resistir tanta cantidad de agua. Cuando empezó a bajar se nos llenó la Casa de las familias de las niñas que venían pidiendo a voces que se las diéramos y que nosotras también saliéramos porque corríamos mucho peligro y el Señor Obispo quería que fuéramos al Seminario que estaba desocupado, pero nosotras no queríamos de ninguna manera abandonar nuestra querida Clausura a costa de tantos sacrificios conseguida y pudimos conseguir que nos dejaran confiadas en que Jesús, que es Todopoderoso, no permitiría lo que todos pensaban y, así fue que nos ha preservado por otro nuevo milagro que todos están atónitos de que hallan podido resistir los muros principales, pues es inmenso el peso de agua que aquí ha entrado: nosotras estamos en la parte más fuerte que es el Colegio y pensamos esperar hasta ver si podemos allegar recursos para reforzar los muros, rehacer todos los pisos interiores que han quedado completamente deshechos y hacer un muro de defensa que nos preserve de otra avenida: sólo lo perdido pasa de 30.000 duros, según los cálculos que han echado, pero creo que contando el mobiliario se han quedado algo escasos.

Estamos muy tranquilas esperando lo que Dios dispone de nosotras; nos están manteniendo de limosna y hasta ropa nos han tenido que dar por haber cogido todas las roperías y dejado inservibles las cosas: esperamos que en cuanto puedan, nuestras Casas nos favorecerán como lo han hecho ya algunas… A pesar de los malos ratos de las que tanto se mojaron, Dios nuestro Señor que también convirtió en tarquín las cosas de botica que estaban en los sótanos, ha querido que no necesitemos nada de eso estando todas buenas.

Espero que esa Comunidad nos tendrá muy presentes en sus oraciones agradeciéndoselo su muy affma hermana"

Zoa Moreno Priora  

 

Quedó destruida la parte habitable del Convento y, ante esta situación, las religiosas dudaron nuevamente entre volver a Tudela o quedarse. En esta situación, el Obispo les dijo que cometían una falta grave si se marchaban y que lo que debían hacer era usar parte de las dotes para la restauración del edificio con el objetivo de seguir habitándolo. Esta tragedia tuvo como consecuencia que las fundadoras reclamaran con más fuerza sus dotes a Tudela para remediar sus necesidades y, finalmente, en 1895 la Casa de Tudela se comprometió a darles 20.000 pesetas. Había que reponer siete dotes de las fundadoras que eran diez porque la Priora se consideraba que no necesitaba dote, la Madre Josefa López se volvió a Tudela y la dote de la Madre Amalia Echagüe se había recibido ya en 1891 con motivo de las inundaciones. Las siete fundadoras eran: Prudencia Castillo, Nicolasa Merino, Francisca Bentrosa, Catalina Aldaz, Candelaria Ortigosa, Elena Iturrate y Aureliana Prieto.

A partir de 1899 la carestía de alimentos obligó a subir la dote a 10.000 pesetas para las que entraran y 5.000 a las ya existentes. Precisamente en 1899 se construyó el pabellón destinado a externado con entrada por la C/ San Leonardo. “En recuerdo de la hermana Leonarda dimos este nombre a la calle, ya que se abría en terrenos adquiridos por la Comunidad. El piso alto para las externas y mediopensionistas; el bajo con las hermosas clases gratuitas alrededor de un amplio y alegre patio” (Casa de Almería).

 

BEATIFICACIÓN DE JUANA DE LESTONNAC

“El 23 de Septiembre de 1900 tuvimos el gozo inmenso de ver elevada al honor de los altares a nuestra Madre Fundadora, declarada Beata por el Papa León XIII”.

Del 17 al 19 de Mayo de 1901 se celebró un solemne Triduo en honor a Santa Juana que fue oficiado por el Obispo Santos Zárate.