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CANONIZACIÓN DE JUANA DE LESTONNAC

El 26 de Abril de 1949, con motivo de las próximas fiestas de canonización, la Santa Sede envía una carta de congratulación y aliento a todas las Comunidades que contiene también algunas recomendaciones para el buen funcionamiento de las relaciones entre las Casas de la Compañía que han decidido mantenerse autónomas y las Casas de la unión: Roma,

“según las orientaciones generales que se demuestran necesariamente para los Monasterios de Monjas, vería con muy buenos ojos la unión de todas las religiosas de la Orden de Nuestra Señora en una sola organización que abrazase todas las Casas. En este sentido no puedo menos de alabar la delicadeza y desinterés con los cuales todo el Gobierno de la Compañía de María ha puesto oficialmente sus cargos en manos de la Santa Sede, a fin de facilitar esta organización única y deja en entera libertad para que cada Monasterio elija, con paz y serenidad y sin coacción de ninguna clase lo que crea delante de Dios más conveniente para su santa misión”.

En este mismo mes de Abril, tanto el Jefe del Estado español como el Presidente de Colombia y las autoridades civiles y militares de ambos países  felicitan a la Compañía de María con motivo de la canonización de su fundadora. Estos documentos e conservan en los Archivos de la Orden.

 

LA VIDA DIARIA

Recordamos las cosas que nos contaba nuestra inolvidable Madre Ana Galera: Cuando ella entró en 1941, el noviciado seguía estando en el propio Convento a pesar de que años antes, en 1921, veintinueve años antes de la Encíclica“Sponsa Christie” de Pío XII, la Congregación empezó a unificarse bajo una sola autoridad. Sin embargo, Almería fue uno de los últimos puntos en los que se configuró esa unidad y, para eso, hubo que esperar hasta 1956. Nos decía que en aquellos años el noviciado estaba prácticamente lleno y era como una nueva fundación. Eran los duros tiempos de posguerra y, para entrar en el Convento, era necesaria una dote como forma de asegurar el futuro de la persona que entraba en caso de que desistiera de su vocación. Con las dotes se compraron una serie de casas en la acera de la Rambla pegada al Colegio ( hoy Avda Federico García Lorca).

Dos religiosas muy queridas para nosotros, la Madre Francisca Cirera y la Madre María del Mar Zapata, nos cuentan las dificultades de la época en todos los aspectos. Nos dice Francisca que eran tiempos de clausura papal mayor:

“Tanto, que en 1951, me puse enferma con pleuritis y el Doctor D. Angel Maresca me puso los Rayos X dos veces en mi habitación. Y una hermana mía casada murió en Almería en 1946 y no puede salir a verla”. Recuerda lo bien que se llevaba con sus compañeras y lo felices que vivían: “Yo conviví con Carmen Verdejo, Dolores Blanco, Ana Mª Esteban, Carmen Torres, Isabel Cortés (ya fallecidas) y Mª del Mar Zapata, Carmen Alcalde, Josefa López y otras más”.

Tanto Francisca como Mª del Mar recuerdan con especial gratitud a las Madres mayores y afirman: “Eran un encanto.” Entre ellas, ya citada en este libro, la MadreConsueloFernández Dorador que fue Maestra de Novicias y Superiora. Por otra parte, la vida en la Clausura transcurría con mucha alegría, fervor y caridad. Los veranos los pasaban casi la mayoría del tiempo al aire libre y los desayunos y  cenas se hacían en la huerta. Era una época sin TV, sin salidas a la calle y con muchos silencios que se hacían eternos. En Navidad hacían unos belenes diminutos en cajas, para premio de las niñas, así como otras muchas cosas de fieltro. Nos cuenta nuestra admirada Francisca

“En aquellos tiempos tenía yo 50 niñas de ingreso que debían examinarse en el Instituto. Aprobaban todas: Era natural, dictados diarios para corregir, más y más ejercicios de aritmética, boletines de notas semanales…”

Cuando, el 30 de Enero de 1946, muere la Madre Amalia Huelin Sanz, profesora de Inglés del Colegio y profesora de Francisca, ésta se convirtió, a pesar de su juventud, en profesora de Inglés:

“Yo puse el grito en el cielo, diciendo ¿Cómo voy yo a dar clases si soy una alumna? El voto de obediencia hizo el milagro”

Ese año, Francisca tenía 17 niñas que, cuando se examinaron en el Instituto, alcanzaron todas la calificación de Sobresaliente. Este resultado era propio de educadoras de la talla de Francisca, con la cual, de una u otra forma, era imposible el fracaso. Incluso la dirección del Instituto preguntó si la profesora era nativa por la excelente pronunciación que demostraron tener las niñas. Estas calificaciones se repetían año tras año y la fama de Francisca era grande en Almería. La Provincial de la Orden la felicitó y la animó a sacar el Título cuando estaba a punto de ser exigido por el Ministerio. Y Londres se fue nuestra protagonista y, en un año, lo consiguió. Posteriormente le fue convalidado en España.

Eran, efectivamente, otros tiempos, con una dificultad mayor. Así, el régimen de la Clausura era más duro para las familias porque sabían que seguir la vocación religiosa significaba no volver a ver más a sus hijas. Se vivía en un régimen mixto: Clausura y salidas, pero éstas eran sólo para atender labores de enseñanza. Se podía salir a estudiar o a dar clases, pero nunca a asuntos particulares, ni siquiera cuando fallecía un familiar por muy cercano que fuera. Hasta 1950 no se quitaron las rejas, a raíz de la “Sponsa Christie”. Ya se podía salir, pero no todas las monjas lo hicieron, por ejemplo, la legendaria Madre Angeles o la Madre Morales que  no salieron nunca.